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Desde aquel primer encuentro Santiago no habia dejado de pensar en Anna, aquellos ojos y su sonrisa eran especiales y el no sabia porque. Nunca se habia enamorado verdaderamente de una mujer, tal vez confundio las relaciones intimas con el amor pero el sabia que esa mujer que toda la vida habia vivido en su mente no existia mas que en sus fantasias mas desde que conocio a Anna solo pensaba en ella. No podia creer que un solo encuentro lo habia dejado con tantas ganas de volverla a ver y no necesariamente para llevarsela a la cama.

Anna tenia miedo a otro encuentro con Santiago, ella estaba enamorada de el desde que lo vio, despues de aquel encuentro en la playa sabia que sus sentimientos eran de verdad y no una simple fantasia mas temia ser un juego par el y no queria ser solo eso para el aunque tenia unos ojos sinceros mas no debia enganarse, un hombre como el siempre seria mujeriego y no iba a dejar de serlo por una tonta como ella que no estaba acostumbrada a estar con hombres y que llevaba una vida solitaria, se reiria de ella si supiera que ella nunca habia estado con un hombre, no queria ser un juego mas o que se burlaran de ella como el hijo de su madrastra lo habia echo al descubrir que ella estaba enamorada de el, un amor que se borro despues de anos de amarlo el dia que vio a Santiago por primera vez.

Aquella noche Santiago tenia que verla, solo mirar esos ojos y sentirse como en casa, algo muy nuevo para el. Toco a la puerta y ella miro por la ventana y al verlo su corazon se acelero, no podia esconderse
porque el habia visto su auto asi que tenia que abrir.
Se arreglo el pelo y se miro al espejo, estaba bastante presentable.
"Hola Santiago"
"Hola, hoy no puedes decirme que no quieres ir a tomar una copa de vino a mi casa", Anna sintio miedo en su corazon.
"Solo una copa de vino, recuerda que no tomo mucho"
"No pretendo hacerte beber para que no sepas lo que haces, te lo aseguro", Anna sonrio, tomo su llave y cerro la puerta.

Entraron en la casa amplia de Santiago, muy masculina pero sencillamente deoorada.

"De que vino quieres, tinto, rosa, chablis, lo que quieras"
"Me gusta el tinto"
"Bien tengo uno aqui de la cosecha de el 2003 que se que te va a gustar mucho"
"Esas uvas las pisastes con tus pies?", Santiago rio divertido, tenia sentido de el humor y eso le gustaba.
"No pero hubiera querido, te aseguro que los mejores pies pisaron estas uvas", Santiago le sirvio el vino rojo en una copa y se lo trajo al sofa.
"Muevelo para que coga aire, es importante que el vino respire, ahora saborealo despacio"
"Wow, esta exquisito, no puedo creer que esto lo crearas tu"
"Ah vaya gracias, ya, los mujeriegos no tenemos cesos", ambos rieron.
"No quise decir, eso, perdona"
"Bueno te perdono, una chica como tu se merece mi perdon"
"Y como soy yo?", pregunto curiosa.
"No se, tienes unos ojos que brillan con una tristeza especial"
"Tal vez es porque he tenido muchas tristezas", dijo sincera y con mas brillo aun en la mirada.
"Asi pues quiero que las olvides y te tomes otra copita de vino"
"Ah no Santiago, no mas vino"
"Te prometo que una mas y no te va a ser mal, ni te vas a caer ni yo voy a tomar ventaja, ni nada de eso"
"Esta bien, una mas, una sola", le sirvio el vino, se sento a su lado y la miro con aquella inocencia, no con ella no podia portarse mal, le hacia sentir algo que nunca habia sentido y no entendia lo que era, jamas penso que podia sentir aquello tan extrano por una mujer, Anna no queria parecer facil para el asi que pretendia hacerse la dura con el, ser solo una vecina y una amiga, creia que el nunca la miraria diferente, por lo menos eso pensaba y no queria sufrir mas por amor.

Aquella noche Santiago abrio los ojos y se dio cuenta que todo no era llevarse una mujer a la cama...

No sabia que iba a hacer con Anna, nunca vivio algo asi...

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Tag der Veröffentlichung: 07.12.2010

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